Se murió mi amigo, mi cómplice, mi alcahueta.
Murió bajo un puente de desdicha y tristeza, ayer por la tarde,
cantando canciones de cuna para dormir sus males,
esperando que yo llegara con la medicina para su dolor.
Se murió mi amigo, el único que me quedaba.
Entre sábanas de sueños rotos y pesares compartidos
nos habíamos vuelto amigos un atardecer de septiembre.
Y juramos estar juntos siempre, lado a lado, frente a los corazones rotos.
Se murió mi compañía en batalla,
el que siempre ponía la otra mejilla y soportaba las humillaciones,
el que a pesar de su estatura siempre conseguía los más grandes logros.
Mi amigo, el que siempre lloraba de madrugada, cuando apenas amanecía.
Me tengo que quedar ahora bajo el puente, a penar su partida,
a esperar que la buena muerte me lleve junto a él.
Porque uno sin el otro no existe,
uno sin el otro no vale.
Tal vez por eso murió,
porque lo dejé solo.
Y uno sin el otro no existe,
uno sin el otro no es nadie.
Se busca
Mi corazón te pertenece.
No porque yo haya decidido dártelo, sino porque lo robaste.
De la manera más descarada, y a la vista de todo el mundo.
Lo sacaste de su lugar seguro a pasear el mundo entero.
Pero lo llenaste de tal emoción que se enfermó,
y me lo regresaste dolorido y cansado.
Pero más feliz que nunca.
Dame sólo unos días,
te prometo que estará bien para nuestro próximo paseo.
No porque yo haya decidido dártelo, sino porque lo robaste.
De la manera más descarada, y a la vista de todo el mundo.
Lo sacaste de su lugar seguro a pasear el mundo entero.
Pero lo llenaste de tal emoción que se enfermó,
y me lo regresaste dolorido y cansado.
Pero más feliz que nunca.
Dame sólo unos días,
te prometo que estará bien para nuestro próximo paseo.
Amor bonito
a la/s
10:24 p.m.
Querido amigo, ¿dónde quedó el amor bonito?
Ese con el que soñábamos de niños, el que creíamos era el único posible.
Lo hemos perdido.
El amor que esperábamos encontrar, quizás, uno en el otro.
Porque después de todo,
¿quién más que nosotros lo buscaba con tanto ahínco?
Lo imaginamos llegar a nuestras vidas, llenando cada espacio,
haciendo cada momento inolvidable,
cada sonrisa una experiencia,
cada mirada un recuerdo.
Lo hemos perdido.
Hoy vivimos existencias vacías,
llenas sólo a medias,
o falsamente llenas.
Rodeados de malas intenciones y cuchilladas en la espalda,
dobles caras, discursos engañosos, y traiciones diarias.
Ellos acabaron con nuestro amor bonito.
Acabaron con la ilusión que creamos juntos hace tantos años,
la que nos ha mantenido unidos a pesar de las distancias y las derrotas.
Al menos para eso ha servido,
pues nadie más buscaba el amor bonito,
solo tú y yo,
y aunque no lo encontramos, aunque la vida nos lo quitó,
no nos quitó el uno al otro.
Tú sigues allí, leyéndome en secreto.
Yo sigo aquí, hablándote sobre ello.
Ese con el que soñábamos de niños, el que creíamos era el único posible.
Lo hemos perdido.
El amor que esperábamos encontrar, quizás, uno en el otro.
Porque después de todo,
¿quién más que nosotros lo buscaba con tanto ahínco?
Lo imaginamos llegar a nuestras vidas, llenando cada espacio,
haciendo cada momento inolvidable,
cada sonrisa una experiencia,
cada mirada un recuerdo.
Lo hemos perdido.
Hoy vivimos existencias vacías,
llenas sólo a medias,
o falsamente llenas.
Rodeados de malas intenciones y cuchilladas en la espalda,
dobles caras, discursos engañosos, y traiciones diarias.
Ellos acabaron con nuestro amor bonito.
Acabaron con la ilusión que creamos juntos hace tantos años,
la que nos ha mantenido unidos a pesar de las distancias y las derrotas.
Al menos para eso ha servido,
pues nadie más buscaba el amor bonito,
solo tú y yo,
y aunque no lo encontramos, aunque la vida nos lo quitó,
no nos quitó el uno al otro.
Tú sigues allí, leyéndome en secreto.
Yo sigo aquí, hablándote sobre ello.
A oscuras
Sin luz es cuando te veo realmente, porque a oscuras no temes ser tú.
Lejos de bombillas y velas me amas como si nada más en este mundo importara.
Sin testigos dices mi nombre como en una plegaria al cielo, pidiendo eternidad.
Es cuando todos duermen que te decides a buscarme, para prometerme sólo maravillas nocturnas: Cielos estrellados, el cantar constante de las cigarras, la luna como única prueba de lo que somos.
Y aunque sé imposible que des la cara al mundo y me tomes de la mano frente a él,
es igual de imposible negarme, dejar de amarte, dejar de tenerte, así sea sólo cuando nadie nos ve.
Antes que de tu parte valentía, pido paciencia para no desfallecer en el intento de quitarte la máscara que te pones cada día cuando amanece.
Tu rostro y tu ser y tu amor son infinitamente más bellos de lo que crees.
Déjame mostrártelo.
Lejos de bombillas y velas me amas como si nada más en este mundo importara.
Sin testigos dices mi nombre como en una plegaria al cielo, pidiendo eternidad.
Es cuando todos duermen que te decides a buscarme, para prometerme sólo maravillas nocturnas: Cielos estrellados, el cantar constante de las cigarras, la luna como única prueba de lo que somos.
Y aunque sé imposible que des la cara al mundo y me tomes de la mano frente a él,
es igual de imposible negarme, dejar de amarte, dejar de tenerte, así sea sólo cuando nadie nos ve.
Antes que de tu parte valentía, pido paciencia para no desfallecer en el intento de quitarte la máscara que te pones cada día cuando amanece.
Tu rostro y tu ser y tu amor son infinitamente más bellos de lo que crees.
Déjame mostrártelo.
Mal sueño
Es igual que en mis pesadillas.
Después de un largo camino hasta un poblado olvidado, paso el más maravilloso de los días contigo, para luego tener que despedirte amargamente en una vieja y polvorienta estación de tren.
Puedo sentir las lágrimas reales, que nacen de ese relato ficticio, correr por mi cara mientras duermo.
Y busco consuelo en algún amigo no muy cercano que aparece de la nada y me abraza, hasta que al fin despierto; desorientada, vacía, muerta en vida.
No me dejes, vida mía, mientras estoy dormida.
No me dejes, tampoco, a la luz de pleno día.
Después de un largo camino hasta un poblado olvidado, paso el más maravilloso de los días contigo, para luego tener que despedirte amargamente en una vieja y polvorienta estación de tren.
Puedo sentir las lágrimas reales, que nacen de ese relato ficticio, correr por mi cara mientras duermo.
Y busco consuelo en algún amigo no muy cercano que aparece de la nada y me abraza, hasta que al fin despierto; desorientada, vacía, muerta en vida.
No me dejes, vida mía, mientras estoy dormida.
No me dejes, tampoco, a la luz de pleno día.
Unión
Aquí, los lazos de sangre son lazos de muerte.
El sueño eterno nos une, y compartimos el desgraciado destino de los olvidados.
La indolencia nos cubre la piel y no sabemos hacia dónde escapar, finalmente, de nuestros perseguidores.
Hasta que nos veamos de nuevo, lleva la cuenta de los árboles caídos y los funerales concurridos.
Son esos nuestros puntos de encuentro, donde nos vemos por un instante fugaz antes de salir corriendo otra vez.
Alumbra mi noche con las luciérnagas que guardas en una linterna, y tal vez contemplemos juntos el amanecer sin que otros se den cuenta.
Pero que no llegue, nunca, el amanecer.
No quiero perderte cuando desaparezcas como el rocío del alba.
Porque la unión más fuerte llora y tiembla ante lo inevitable:
Aún en la muerte no nos habremos de pertenecer.
El sueño eterno nos une, y compartimos el desgraciado destino de los olvidados.
La indolencia nos cubre la piel y no sabemos hacia dónde escapar, finalmente, de nuestros perseguidores.
Hasta que nos veamos de nuevo, lleva la cuenta de los árboles caídos y los funerales concurridos.
Son esos nuestros puntos de encuentro, donde nos vemos por un instante fugaz antes de salir corriendo otra vez.
Alumbra mi noche con las luciérnagas que guardas en una linterna, y tal vez contemplemos juntos el amanecer sin que otros se den cuenta.
Pero que no llegue, nunca, el amanecer.
No quiero perderte cuando desaparezcas como el rocío del alba.
Porque la unión más fuerte llora y tiembla ante lo inevitable:
Aún en la muerte no nos habremos de pertenecer.
Ángel
Él siempre estaba frío, pero emanaba una especie de luz cálida.
Eran sus ojos; de ellos salían rayos ámbar que te llenaban el alma.
Sus palabras eran susurros que parecían llegar hasta el fondo de tu subconsciente.
Era como un ángel cuyas melodías cantaban esperanza y locura al mismo tiempo.
Pequeños fragmentos de ingenuidad adornaban su rostro blanco,
y yo buscaba en todos los relojes la hora en que llegaría.
Pero la zozobra de su partida nunca me deja,
como sí lo hace su agridulce aroma vespertino.
Se va para siempre como las plumas invisibles de sus alas.
Eran sus ojos; de ellos salían rayos ámbar que te llenaban el alma.
Sus palabras eran susurros que parecían llegar hasta el fondo de tu subconsciente.
Era como un ángel cuyas melodías cantaban esperanza y locura al mismo tiempo.
Pequeños fragmentos de ingenuidad adornaban su rostro blanco,
y yo buscaba en todos los relojes la hora en que llegaría.
Pero la zozobra de su partida nunca me deja,
como sí lo hace su agridulce aroma vespertino.
Se va para siempre como las plumas invisibles de sus alas.
Conversación
- ¿Cómo te fue en tu viaje?
- Muy bien, la pasé excelente.
- Por mí, me imagino.
- Creído.
- Pero es cierto…
- Sí, es cierto.
- ¿Y cuándo vuelves?
- No sé, no creo que por ahora. No hay plata ni tiempo.
- Qué lástima, no alcanzaste a pechicharme y ahora te va a tocar esperar quién sabe cuánto para que se repita esa oportunidad. Tú te lo pierdes.
- ¿Yo me lo pierdo? Si mal no recuerdo eras tú quien me buscaba, el que llamaba todos los días, quien me pedía que me escapara de noche para ir a quitarte el frío. Eran tus ojos los que se quedaban fijos en mi rostro y mis labios, tratando de absorber todo lo que pudieran, porque sabías que sólo eso te quedaría una vez yo me fuera.
- Muy bien, la pasé excelente.
- Por mí, me imagino.
- Creído.
- Pero es cierto…
- Sí, es cierto.
- ¿Y cuándo vuelves?
- No sé, no creo que por ahora. No hay plata ni tiempo.
- Qué lástima, no alcanzaste a pechicharme y ahora te va a tocar esperar quién sabe cuánto para que se repita esa oportunidad. Tú te lo pierdes.
- ¿Yo me lo pierdo? Si mal no recuerdo eras tú quien me buscaba, el que llamaba todos los días, quien me pedía que me escapara de noche para ir a quitarte el frío. Eran tus ojos los que se quedaban fijos en mi rostro y mis labios, tratando de absorber todo lo que pudieran, porque sabías que sólo eso te quedaría una vez yo me fuera.
Diferente
Ya antes había probado tus labios y tus besos,
ya conocía tus caricias en mi rostro,
y ya tenía marcadas en mis oídos tus palabras.
Pero ahora todo es diferente.
No tengo que ocultar ante la vida que te quiero,
ni disimular este sentimiento ante los incrédulos,
porque ahora eres todo para mí,
y ya no queda espacio para nada que no sea absoluta felicidad.
ya conocía tus caricias en mi rostro,
y ya tenía marcadas en mis oídos tus palabras.
Pero ahora todo es diferente.
No tengo que ocultar ante la vida que te quiero,
ni disimular este sentimiento ante los incrédulos,
porque ahora eres todo para mí,
y ya no queda espacio para nada que no sea absoluta felicidad.
Primero de agosto
El primero de agosto es el que me robó dos besos y medio a la salida del teatro,
el que talló nuestras iniciales en el pavimento fresco de la calle frente al cine,
el que celebra mi cumpleaños cada diecinueve días,
y el que permanece siempre en un estado de absoluta euforia.
El primero de agosto, siempre tiene algo que decir,
una historia que escuchar o una flor que robar,
del jardín de la señora Gloria, la gorda del barrio,
la única que se resiste a sus encantos de otoño.
El primero de agosto es el único que tira a la calle sus monedas brillantes,
pues siempre dice que le harán más bien a aquel sin techo
que busca esperanzas en el metal forjado hace tanto tiempo,
y nunca dudan en devolverle el favor con poesías improvisadas.
El primero de agosto seduce y encanta a los viajeros del camino,
con las palabras adecuadas y los consejos falsamente humildes,
y por ello nunca le faltan recuerdos y souvenirs,
de todos los que al pasar dejan una parte de ellos con él.
El primero de agosto te vi por primera vez,
con tus zapatos bien lustrados y sombrero de pluma de pavo,
recorriendo este miserable pueblo con completa propiedad,
y robándome el aliento a cada paso.
Que llegue pronto el año nuevo,
y el sol nuevo y el andar nuevo,
porque en poco tiempo será de nuevo primero de agosto,
y te veré, por fin, otra vez.
el que talló nuestras iniciales en el pavimento fresco de la calle frente al cine,
el que celebra mi cumpleaños cada diecinueve días,
y el que permanece siempre en un estado de absoluta euforia.
El primero de agosto, siempre tiene algo que decir,
una historia que escuchar o una flor que robar,
del jardín de la señora Gloria, la gorda del barrio,
la única que se resiste a sus encantos de otoño.
El primero de agosto es el único que tira a la calle sus monedas brillantes,
pues siempre dice que le harán más bien a aquel sin techo
que busca esperanzas en el metal forjado hace tanto tiempo,
y nunca dudan en devolverle el favor con poesías improvisadas.
El primero de agosto seduce y encanta a los viajeros del camino,
con las palabras adecuadas y los consejos falsamente humildes,
y por ello nunca le faltan recuerdos y souvenirs,
de todos los que al pasar dejan una parte de ellos con él.
El primero de agosto te vi por primera vez,
con tus zapatos bien lustrados y sombrero de pluma de pavo,
recorriendo este miserable pueblo con completa propiedad,
y robándome el aliento a cada paso.
Que llegue pronto el año nuevo,
y el sol nuevo y el andar nuevo,
porque en poco tiempo será de nuevo primero de agosto,
y te veré, por fin, otra vez.
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