- ¿Cómo te fue en tu viaje?
- Muy bien, la pasé excelente.
- Por mí, me imagino.
- Creído.
- Pero es cierto…
- Sí, es cierto.
- ¿Y cuándo vuelves?
- No sé, no creo que por ahora. No hay plata ni tiempo.
- Qué lástima, no alcanzaste a pechicharme y ahora te va a tocar esperar quién sabe cuánto para que se repita esa oportunidad. Tú te lo pierdes.
- ¿Yo me lo pierdo? Si mal no recuerdo eras tú quien me buscaba, el que llamaba todos los días, quien me pedía que me escapara de noche para ir a quitarte el frío. Eran tus ojos los que se quedaban fijos en mi rostro y mis labios, tratando de absorber todo lo que pudieran, porque sabías que sólo eso te quedaría una vez yo me fuera.
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