Todos tenemos que encontrar nuestros caminos,
y en la búsqueda de ellos nuestras decisiones y aquello a lo que estamos dispuestos a renunciar definirán la ruta.
Tal vez tengamos que dejar atrás amigos y familia,
nuestras situaciones cotidianas,
lo cómodo y conocido del crecer.
Aquello que ha hecho parte de nosotros e inevitablemente ha construido nuestro carácter.
Al partir, si es eso lo que dicta nuestro corazón,
los recuerdos tomarán el valor que probablemente les hemos restado,
las memorias que te atrapan y transportan a un ayer feliz se convertirán en el estandarte con el cual enfrentaremos todo lo nuevo, todo lo que está por venir.
Las angustias e incógnitas,
las preguntas sobre el mañana y el devenir,
la emoción de lo que se está por descubrir.
Todo hace parte del sentimiento que te impulsa a buscar,
a ir más allá donde no conoces, pero sabes que te llaman.
Sabes que es allí donde debes estar.
A pesar de la pesadumbre de la separación,
al final siempre los llevaremos con nosotros, donde sea que vayamos.
Verán a través de nuestros ojos, escucharán los paisajes que nos rodeen y conversarán en nuestras cabezas tal vez sobre lo bello o distinto o atemorizante de este nuevo lugar.
Será un nuevo lugar,
pero aquellos que pueblan nuestro corazón y memoria llenarán cada espacio y cada segundo.
Siempre.
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