Agosto 19, 2005
Ni te imaginas todo lo que pasó mientras no hablamos.
Conocí a alguien, hablamos, lo llegué a querer, demasiado, me di cuenta que él es lo que yo quiero para mi, él me llegó a querer, pero no me quería bien, se fue, se rompió mi corazón.
Ahora estoy muy triste, porque el sacaba lo mejor de mi. Aún lo hace. Pero ahora no esta conmigo. Y me duele mucho. Él me quiere, sí, pero no como a alguien más. Me dice cosas, y luego se arrepiente de decirlas porque sabe que no es correcto dada la situación en la que está. Pero yo lo quiero. Mucho. Él, es todo lo que yo quisiera en alguien, y es todo lo que yo quisiera ser también. Él es todo, amigo, es todo. No te lo imaginas. Estoy confundida, y triste. Triste como no quería volver a estarlo, como nunca pensé que estaría. Nunca pensé encontrar tanto en alguien. Tantas cosas hermosas y maravillosas, y locas, y extrañas, y únicas.
Ya no se que hacer. Estoy como perdida. Espero con ansias que llame en medio de la noche y me diga lo mucho que quiere que le dé muchos besos, y que yo le diga que se los mando, y responda con silencio mientras pienso que él piensa "¡No!, ¿porque lo haces? ¡No me hagas eso! Debes decir que no me los vas a mandar". Y extraño que me diga que él no es bueno para mí, pero que le gusta que yo le guste, aunque se enoja consigo mismo por ello, pues no debería. Que después de un argumento acerca de todo eso, me abrace muy fuerte, y que con eso me diga que en ese instante, le vale huevo todo lo demás. Extraño que me diga “Tengo hambre y quiero verte”.
Extraño eso, y todo. Y que se apagaran las luces al momento en que nuestros labios se tocaron por primera vez, porque fue perfecto. Cursi, irreal y perfecto. Que me cuente de lo que escribe, de sus novelas, de los personajes, de sus orígenes, de sus historias, de lo que quiere, de lo que no le gusta, de lo mucho que come, de lo mucho que quiere comprar más y más libros. De lo mucho que me desea, de lo mucho que se siente culpable de desearme. De lo culpable que se siente de que en realidad yo le importe, que no sea un caprichito. De lo mal que se siente cuando piensa pedirme que satisfaga sus berrinchitos de abrazos y juegos. Extraño todo. Lo extraño tanto, amigo.
Y si tan solo el leyera esto.
Probablemente todo seguiría igual.
Soñé con el, y era maravilloso. No quería despertar porque sabía que el no estaría cuando abriera los ojos. Y desde entonces me acuesto muy temprano y trato de dormir lo más que pueda, para seguir soñando con él, porque en mis sueños está conmigo.
Y todo se reduce a eso: soñar. Otra vez soñar, y eso acaba conmigo.
Ya no tengo corazón, sólo una pasa que late.
Así: Tengo corazón de pasita.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)