Él siempre estaba frío, pero emanaba una especie de luz cálida.
Eran sus ojos; de ellos salían rayos ámbar que te llenaban el alma.
Sus palabras eran susurros que parecían llegar hasta el fondo de tu subconsciente.
Era como un ángel cuyas melodías cantaban esperanza y locura al mismo tiempo.
Pequeños fragmentos de ingenuidad adornaban su rostro blanco,
y yo buscaba en todos los relojes la hora en que llegaría.
Pero la zozobra de su partida nunca me deja,
como sí lo hace su agridulce aroma vespertino.
Se va para siempre como las plumas invisibles de sus alas.
Conversación
- ¿Cómo te fue en tu viaje?
- Muy bien, la pasé excelente.
- Por mí, me imagino.
- Creído.
- Pero es cierto…
- Sí, es cierto.
- ¿Y cuándo vuelves?
- No sé, no creo que por ahora. No hay plata ni tiempo.
- Qué lástima, no alcanzaste a pechicharme y ahora te va a tocar esperar quién sabe cuánto para que se repita esa oportunidad. Tú te lo pierdes.
- ¿Yo me lo pierdo? Si mal no recuerdo eras tú quien me buscaba, el que llamaba todos los días, quien me pedía que me escapara de noche para ir a quitarte el frío. Eran tus ojos los que se quedaban fijos en mi rostro y mis labios, tratando de absorber todo lo que pudieran, porque sabías que sólo eso te quedaría una vez yo me fuera.
- Muy bien, la pasé excelente.
- Por mí, me imagino.
- Creído.
- Pero es cierto…
- Sí, es cierto.
- ¿Y cuándo vuelves?
- No sé, no creo que por ahora. No hay plata ni tiempo.
- Qué lástima, no alcanzaste a pechicharme y ahora te va a tocar esperar quién sabe cuánto para que se repita esa oportunidad. Tú te lo pierdes.
- ¿Yo me lo pierdo? Si mal no recuerdo eras tú quien me buscaba, el que llamaba todos los días, quien me pedía que me escapara de noche para ir a quitarte el frío. Eran tus ojos los que se quedaban fijos en mi rostro y mis labios, tratando de absorber todo lo que pudieran, porque sabías que sólo eso te quedaría una vez yo me fuera.
Diferente
Ya antes había probado tus labios y tus besos,
ya conocía tus caricias en mi rostro,
y ya tenía marcadas en mis oídos tus palabras.
Pero ahora todo es diferente.
No tengo que ocultar ante la vida que te quiero,
ni disimular este sentimiento ante los incrédulos,
porque ahora eres todo para mí,
y ya no queda espacio para nada que no sea absoluta felicidad.
ya conocía tus caricias en mi rostro,
y ya tenía marcadas en mis oídos tus palabras.
Pero ahora todo es diferente.
No tengo que ocultar ante la vida que te quiero,
ni disimular este sentimiento ante los incrédulos,
porque ahora eres todo para mí,
y ya no queda espacio para nada que no sea absoluta felicidad.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)