Sin luz es cuando te veo realmente, porque a oscuras no temes ser tú.
Lejos de bombillas y velas me amas como si nada más en este mundo importara.
Sin testigos dices mi nombre como en una plegaria al cielo, pidiendo eternidad.
Es cuando todos duermen que te decides a buscarme, para prometerme sólo maravillas nocturnas: Cielos estrellados, el cantar constante de las cigarras, la luna como única prueba de lo que somos.
Y aunque sé imposible que des la cara al mundo y me tomes de la mano frente a él,
es igual de imposible negarme, dejar de amarte, dejar de tenerte, así sea sólo cuando nadie nos ve.
Antes que de tu parte valentía, pido paciencia para no desfallecer en el intento de quitarte la máscara que te pones cada día cuando amanece.
Tu rostro y tu ser y tu amor son infinitamente más bellos de lo que crees.
Déjame mostrártelo.
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