Aquí, los lazos de sangre son lazos de muerte.
El sueño eterno nos une, y compartimos el desgraciado destino de los olvidados.
La indolencia nos cubre la piel y no sabemos hacia dónde escapar, finalmente, de nuestros perseguidores.
Hasta que nos veamos de nuevo, lleva la cuenta de los árboles caídos y los funerales concurridos.
Son esos nuestros puntos de encuentro, donde nos vemos por un instante fugaz antes de salir corriendo otra vez.
Alumbra mi noche con las luciérnagas que guardas en una linterna, y tal vez contemplemos juntos el amanecer sin que otros se den cuenta.
Pero que no llegue, nunca, el amanecer.
No quiero perderte cuando desaparezcas como el rocío del alba.
Porque la unión más fuerte llora y tiembla ante lo inevitable:
Aún en la muerte no nos habremos de pertenecer.
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1 comentarios:
Uy, este en especial está muy muy bonito (imagino que ahora este es el blog oficial, no publicarás más en el otro?)
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