Volvió la paz.
Volvió a mí la tranquilidad de tener el corazón lleno y vivo.
Regresó, poco a poco, pausadamente, la habilidad de cerrar los ojos y sonreír.
De nuevo sonrío todo el tiempo.
Porque las cosas, las calles, las estrellas, las canciones, los bailes, los zapatos ya no pertenecen al recuerdo de un individuo de pasado.
Ahora son piezas que componen nuevos recuerdos.
Volvió a mí, por fin, la capacidad de respirar profundo y pensar:
"todo está bien en el mundo".
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