Ah, la larga espera,
hasta que pueda llamarte a escondidas,
para escucharte decir que me amas y pretender que no te extraño tanto,
que no se me rompe el alma en las madrugadas,
y que no lloro en silencio todos los días.
Ah, la incertidumbre,
la única que se pregunta conmigo en dónde has estado,
la que llena los espacios vacíos con preguntas incómodas,
y no se va de mi lado hasta que suena al fin el teléfono.
El teléfono,
máquina de tortura,
callado y estático tormento,
espera,
duda,
intimida,
hasta que grita tu voz por la bocina y vuelvo a respirar.
Se corta la comunicación para dejarme de nuevo a oscuras,
con el mismo sonido de un cristal que se rompe,
una esperanza que se parte.
Ah, la larga espera,
nuevamente cae sobre mí el desconsuelo.
Cuántas horas faltarán,
cuántos suspiros la distancia,
cuánto dolor el recelo.
Cuánto tardarás en regresar, amor.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario