Ayer te descubrí.
No eras un misterio ni un enigma,
no eras una pregunta tormentosa en mi cabeza,
no eras una incipiente posibilidad.
Eras solo un amigo, colega, compañero, vecino.
Eras un par de oídos atentos a los que relataba sin parar historias tristes y llenas de ingenua esperanza.
Eras una sonrisa esporádica.
Y de pronto, ayer, te descubrí.
Como un caudal infinito de risa y carcajada,
como un suave toque de mano que te llega al alma,
como una mirada cálida, atenta, detallista, desahuciada.
Descubrí tu percepción exagerada de mis atributos,
el pedestal imaginario e inexistente donde me elevas,
tu anhelo secreto de mis labios.
Y hoy, también te anhelo.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario